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Pelee
“Le doy mucha importancia el seguir las normas y valores neerlandeses, pero también sigo la cultura de mi propio país”

En 1993 nací en una aldea cerca de Tenasserim, Myanmar. Mis dos padres pertenecen a la "tribu Karen", que pertenece a una de los 135 grupos étnicos del sudeste de Myanmar y también incluye el 6% de la población. En el pueblo vivía con mi madre, hermana y dos hermanos mayores. Mi padre era un soldado del ejército, así que no estaba mucho en casa. Mi madre tuvo que cuidar sola de todos los hijos. Desafortunadamente, sólo pude vivir aquí por un corto tiempo debido a la guerra en mi país, la cual es descrita como una de las guerras civiles más largas del mundo.

Tenía unos 3 años cuando quemaron nuestro pueblo. Huimos con mi familia y otros en busca de refugio. Durante un año caminamos sin parar hasta llegar a la frontera de Tailandia. Poco antes de que tuviéramos que huir, nació mi hermano pequeño, siendo así que mi madre lo llevó todo el viaje en sus brazos. 

Comimos en el camino el arroz que habíamos llevado con nosotros. Para sobrevivir también buscamos verduras y frutas y/o pescábamos o casábamos en la selva. Por la noche nos escondimos sin poder hacer grandes fogatas para no ser descubiertos por el enemigo. Uno de los pocos recuerdos que tengo es que me dolía caminar descalza cuando pisaba las piedras calientes. Fue un viaje muy difícil para una pequeña niña. 

Afortunadamente, toda la familia llegamos vivos a un campamento de refugiados en Tailandia llamado "Campamento Ban Doh Yang", donde vivían ya muchos Karen. Teníamos un pequeño centro de salud, una pequeña escuela y una biblioteca que no es comparable con las que existen en los Países Bajos. En el campo de refugiados vivíamos en la pobreza, así que también la escuela tenía escasos recursos. Teníamos arroz y verduras y con suerte comía carne dos veces al año. Mi madre trabajó muy duro en el campo para ganar algo de dinero. Allí todo es muy diferente a comparación a la vida en Europa.

Cuando tenía 13 años, fuimos invitados por los Países Bajos a venir a vivir aquí como refugiados. Sin embargo, mi hermana que ya estaba casada en ese momento, tuvo que esperar hasta que se le concedió asilo en los Estados Unidos, donde ahora vive con su marido. 

Los primeros 4 meses vivimos en el Centro de Asilo AZC Amersfoort hasta que nos dieron nuestra casa en Ede. De mis primeros recuerdos que tengo recién llegada a los Países Bajos es que me tuve que acostumbrar a la gran diferencia entre el verano y el invierno. Aquí no sólo hace mucho más frío en el invierno, sino que oscurece mucho más rápido y mucho más tarde en el verano. También nunca antes en mi vida había visto gente de piel oscura o ciudades que las veía tan hermosas. Todo era diferente y echaba de menos la naturaleza de Birmania y Tailandia, como son las cascadas en las montañas, pero estaba a la vez contenta de vivir en un país donde todo es mucho más seguro, moderno y organizado.

Durante dos años tomé clases de holandés en Arnhem y luego me inscribí en el instituto de educación ROC para estudiar asistencia sanitaria nivel 1 y 2. Conocí al poco tiempo a mi actual marido y me vine a vivir con él en Almere. En los primeros años de la vida de nuestros tres hijos me centré en ser madre y ama de casa. Desde el año pasado estoy de nuevo trabajando en un asilo de ancianos donde ayudo a los residentes con su cuidado diario. 

Por lo que sé, no hay más gente de la tribu Karen en Almere, aunque creo que hay otros de Myanmar. Cuando llegué a esta gran y moderna ciudad me costó acostumbrarme. Creo que también se debió a que empezaba una nueva vida con mi marido en ese momento y echaba de menos a mi familia a quienes quisiera traer a vivir a esta ciudad. Almere me gusta más que Ede y en especial el centro. Me parece único que haya tanta gente diferente en esta ciudad con tantas nacionalidades y provenientes de diferentes grupos étnicos. Yo sólo soy un ejemplo de eso. 

Desde que vivo en Almere con mi marido, he aprendido muchas cosas nuevas. El me ayuda con el idioma neerlandés mejorando mis habilidades lingüísticas o me explica sobre la historia y cómo funciona todo aquí en Europa. Por supuesto, también aprendo mucho junto a él sobre la crianza de nuestros hijos. 

Aunque vengo de un país donde el 75% son budistas, fui criada bajo la religión cristiana. A mi marido y a mí nos gusta ir a la comunidad "Wegwijzer" en Almere. En esta iglesia aprendo más sobre Dios y lo que significa para mí persona. Allí también conozco a gente nueva y he hecho nuevos amigos. Una vez al año celebramos el Año Nuevo Karen en una iglesia en Ede donde mucha gente de origen Karen participa. Después del servicio celebramos con bailes y comida típica de Karen. ¡Todo el día es una fiesta!  Es una tradición vestir los trajes tradicionales de nuestra región. 

He vivido en los Países Bajos durante casi 15 años y estoy ya acostumbrada y adaptada a la forma en que se hacen las cosas en este país. La vida aquí me ha dado mejores oportunidades de educación y facilidades para seguir adelante. Le doy mucha importancia el seguir las normas y valores neerlandeses, pero también sigo la cultura de mi propio país. Todavía prefiero el arroz y me gusta la comida picante, que es muy típica de la cultura Karen. 

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Authors

Fotos, Entrevista y Texto: Lyla Carrillo - van der Kaaden
Revisión de Texto: Babette Rondón
Fotostudio website: www.101studio.nl