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Jantine
“El truco es saber tratar los prejuicios adecuadamente”

Nací en Monrovia, capital de Liberia ubicada en África Occidental. Fui adoptada cuando tenía 3 meses. En comparación con otros niños, ahora adultos, que han sido adoptados, no tengo recuerdos y sé muy poco de mi país de origen. Una de las pocas cosas que sé es que mi madre era muy joven cuando me tuvo. Era una de las varias esposas que tuvo mi padre biológico. Él quiso una vida mejor para mí ya que la extrema pobreza invadía Liberia. Por esa razón me dio en adopción.

Crecí en La Haya, junto con mis dos hermanas que también fueron adoptadas, una de Austria y la otra de Corea. Vivíamos en el “Statenkwartier”, el cual no era un barrio multicultural, y yo asistía a una escuela de sólo gente de piel "blanca". Esto nunca me molestó y tampoco tuve malas experiencias.

Cuando tenía 10 años, mis padres se separaron. Mi madre se volvió a casar y unos años más tarde nos mudamos a Bussum porque su nuevo marido, al que también considero mi padre, trabajaba en la televisión. En Bussum había también un ambiente muy "blanco" y también ahí nunca me sentí incómoda al respecto. Encajé perfectamente en la vida de los “Gooische”, como se les llama a las personas de esta área, e incluso empecé a jugar al hockey, algo que sigo haciendo hasta el día de hoy.

El día que cumplí 15 años, nació mi primer hermano y dos años después el segundo. No creo que mucha gente pueda decir que tiene un hermano pequeño nacido el mismo día de su cumpleaños. Fui una adolescente muy tranquila sin cosas extrañas o que me alteraran.

Después de terminar con mis exámenes finales de la secundaria viajé de Au Pair por un año a Ginebra en Suiza. Allí viví con una señora que tenía dos hijos. Yo me encargaba solamente de los niños y por ello tuve mucho tiempo libre por las tardes y los fines de semana. Por eso pude seguir clases de francés y tuve la oportunidad de conocer a mucha gente. Todavía tengo contacto con la mayoría de ellos. ¡Fue realmente una especial y fantástica experiencia llena de diversión. Y un gran paso hacia la independencia.

Cuando volví de Suiza me fui a vivir a una habitación para estudiantes en Amsterdam y empecé mi formación y entrenamiento en la Academia Pedagógica para la Educación Primaria (siglas en neerlandés: PABO).  Al mismo tiempo trabajé para mi madre quien en ese tiempo tenía su propia guardería.

En el verano del 95 me fui de vacaciones a acampar a Francia con dos amigas. Nunca me hubiera imaginado que conocería allí a mi marido Robert. Un noviazgo de vacaciones que se convirtió en un verdadero amor. Robert vivía en Utrecht y trabajaba en Nieuwegein. No mucho tiempo después nos mudamos para vivir juntos. Para ese entonces, había dejado mis estudios y había ido a trabajar a una empresa de eliminación de residuos en Amsterdam.

Compramos un apartamento en Amsterdam Osdorp y en el 2003 nació Thijs, nuestro hijo mayor. Lo estábamos pasando muy bien donde vivíamos pero en un momento dado, ahora que Thijs crecía, quisimos una casa con jardín. Al principio buscamos en Ámsterdam, pero pronto descubrimos que lo que queríamos tenía un precio muy alto para nosotros. También fuimos a Bussum, Hilversum, Utrecht  y sus alrededores a echar un vistazo. Pero no pudimos encontrar nada que nos gustara. 

Entonces un colega de Robert nos aconsejó que fuéramos a mirar posibilidades en Almere. Siempre dije que no quería vivir en Almere, pero fuimos de todas maneras. Finalmente encontramos una casa que a ambos nos gustó. Dimos el paso y nos mudamos a Almere en el 2006. Hasta el día de hoy, no me he arrepentido ni un sólo momento de dicha decisión. Vivimos en el bosque y estamos cerca de todo: escuelas, tiendas, el centro etc.

Almere es muy diferente a Amsterdam. No hay edificios históricos con una larga historia ni tienen personalidad, pero es multicultural. Y ahora que vivo aquí, todos los prejuicios que tenía han desaparecido como la nieve cuando calienta el sol. Wessel, nuestro segundo hijo, nació en 2007. La felicidad en Almere se completó!!! jajaja! 

Cuando Wessel entró a la escuela en el 2011, mi padre enfermó de forma incurable. Yo dejé de trabajar para poder estar ahí con mis padres y ayudar tanto como fuera posible. Afortunadamente, el hecho de que dejara de trabajar no significó que no tuviera nada que hacer. Durante ese tiempo empecé como voluntaria en el Centro neerlandés de Refugiados. Además los chicos jugaban al fútbol tres veces a la semana y había que llevarlos y recogerlos. 

Ahora que mis hijos están creciendo y son más independientes, empecé a trabajar un poco más. Sigo con mi voluntariado con los refugiados, pero también trabajo como confidente en UMC Utrecht Medical Center haciendo cosas que me gustan y donde siento que realmente puedo significar algo para la gente.

Las personas a menudo me preguntan si querría viajar a Liberia y buscar a mis padres biológicos. Por muy raro que sea, la respuesta es “no”; no tengo esa necesidad. Puede ser que se deba a que yo tenía sólo 3 meses de edad cuando llegué a los Países Bajos y por lo tanto no tengo ningún recuerdo de mi país de origen. Eso sí, tan pronto como exista la posibilidad, me gustaría mucho visitar el país junto con Robert y los chicos.

Mi adopción y el color de mi piel nunca han sido un problema para mí y tampoco para la gente que me rodea. Sí me doy cuenta, que conforme pasan los años y envejezco, soy cada vez más consciente de los prejuicios que surgen de vez en cuando. El truco es saberlos tratar adecuadamente. Creo que lo he manejado bastante bien.

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Fotos, Entrevista y Texto: Lyla Carrillo - van der Kaaden
Revisión de Texto: Babette Rondón
Fotostudio website: www.101studio.nl